Castillo Neuschwanstein

¡RÁPIDO, TIENES 3 SEGUNDOS PARA DECIR EL PRIMER CASTILLO QUE SE TE VIENE A LA CABEZA! 1… 2… 3… Seguro que no adivino el que has pensado, pero estoy segura de que has pensado en uno de película, puede que de Disney, con sus grandes habitaciones y sus enormes salones. Un castillo en el que el lujo y la elegancia rebosan por todos lados. Pues bien, esos castillos siempre, o casi siempre están inspirados en la vida real, y hoy, os voy a hablar de uno de ellos, uno de esos castillos que te dejan sin palabras. Hablo del castillo Neuschwanstein, situado en la zona alemana de Baviera, cerca de Múnich.

Antes de hablar de cómo es este castillo, deberíamos conocer un poco acerca de su “diseñador”, la persona gracias a la que este magnífico edificio puede ser visitado. Esa persona de la que hablamos es el rey Luis II de Baviera (1845 – 1886), más comúnmente conocido como “el rey loco”, aunque ese término quizá no sea muy exacto, ya que como todos sabemos, antiguamente, cuando había alguien adelantado a su época, era categorizado con ese adjetivo. Bien, pues ese rey del que hablamos, era un joven que por sus circunstancias, decidió vivir en un mundo paralelo al suyo, y como podía permitírselo, ordenó construir un castillo en el que pudiera tener las cosas que más le gustaban y donde pudiera sentirse cómodo sin que nadie le molestara, de ahí viene el principal encanto de este castillo.

Como debía recoger las cosas que más le gustaban al rey, cada habitación es distinta al resto y están inspiradas en diferentes culturas y mitologías que el rey apreciaba, todo ello sin reparar en gastos (como diría el bueno de John Hammond en Jurassic Park), por ello es que nos encontramos con salas que jamás hubiésemos imaginado ver en un palacio o en un castillo, como la sala conocida como la gruta, inspirada en la ópera llamada “Tannhäuser” compuesta por Richard Wagner, lo cuál no era coincidencia ya que éste era el compositor favorito del rey. En esta sala lo que intentan es que nos sintamos como si estuviéramos en una gruta real y para ello era iluminada con luces de diferentes colores y originalmente también poseía una cascada. Lamentablemente, en el interior no están permitidas las fotografía, por lo que ya tenéis una excusa más para ir a visitarlo.

Algo en lo que también vale la pena reparar es en los pequeños detalles que se pueden observar en todo el castillo, ya sean capiteles de columnas, candelabros, lámparas o incluso hasta los tiradores de las puertas. En cada sala tenían un acabado distinto y eran diseños muy originales, desde las afrodisíacas palmeras, hasta los mitológicos dragones que adornaban más de una de las salas. Cada detalle era minuciosamente acabado y original, porque como bien podría decir nuestro querido joven: no hemos reparado en gastos. Pero los detalles de los que hablamos, no solamente podemos encontrarlos en el interior del palacio, si no que también, si nos fijamos en su fachada, podemos encontrar cosas que quizá en otros castillos no hubiéramos visto.

Pero a pesar de que este monarca tuviera una imaginación y unas ideas maravillosas, es bien sabido que no reparar en gastos puede ser un problema para la familia, por lo que a veces suceden cosas misteriosas, como una inexplicable muerte. En la familia del rey, el dinero comenzaba a escasear y dado que el rey era cada vez más ermitaño y no daba descendencia, se procedió a declararle no apto para gobernar y fue derrocado por el gobierno. Más tarde, el rey fue llevado al castillo de Berg, el cuál se encuentra situado cerca de un enorme lago en el que casualmente encontraron el cuerpo de Luis II y de su psiquiatra un día después de haber sido trasladado allí.

Actualmente, este palacio recibe millones de visitas al año, cosa que en sus inicios estaba prohibido, ya que al rey no le gustaba ser visitado, y recauda millones de euros con los que la familia puede intentar recuperar todo el dinero que el monarca invirtió al crearlo. Al interior del castillo solo se puede acceder contratando una visita guiada, la cuál te lleva por varias de las salas más curiosas y te muestra y enseña cosas en las que, sinceramente, no te fijarías por tu cuenta. Aparte del interior, que como ya digo, merece la pena visitar, el exterior también es muy llamativo, ya que se encuentra en medio de un frondoso bosque y tenemos varios miradores desde los que la vista del castillo es espectacular. En el entorno del castillo también encontramos un precioso lago en el que se puede pasar un buen rato disfrutando de la naturaleza, por lo que en este lugar, tenemos cosas para todos los públicos. Sinceramente, espero que si tenéis la oportunidad vayáis a visitarlo y me deis vuestra opinión sobre este precioso enclave, que puede que adoréis, o quizá prefiráis algún otro, porque como todo en esta vida… Es cuestión de gustos, y para gustos, lugares.

Comentarios

  1. Pues leyendo todo esto, me apetece mucho ir

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    1. Yo estuve en otoño, por eso el tono grisáceo de las fotos, pero te recomendaría ir en invierno, ya que con la nieve dicen que es precioso también!

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